I
Déjate enseñar por un maestro -padre, madre...- hasta
convertirte en aprendiz del único maestro verdadero a ti destinado: la intransferible voz
interior de tus tripas.
II
La defecación sana es como un cuento: breve, de
contenido expectante, cuya acción se intensifica y aclara en su desenlace. A diferencia
de la diarrea, que es un interminable novelón, y del estreñimiento: sucesión de
páginas en blanco.
III
No te sientes en el retrete sin saber qué vas a hacer,
por qué y para qué. Y sin comprobar si hay un mínimo de tres metros y sesenta
centímetros de papel no usado. No te levantes sin mirar el producto resultante, porque
quien no sabe lo que caga, acaba por no poder medir las consecuencias de sus actos.
IV
Característica esencial de la defecación es la
concentración, que consiste, por una parte, en la eliminación de todo lo que no esté al
servicio del acto excretor, y, por otra, en la plena toma de conciencia de las
sensaciones. Comemos -no podemos vivir sin comer- pero apenas saboreamos; simplemente, nos
llenamos. Cagamos -no podemos vivir sin cagar- pero apenas nos damos cuenta de qué
sentimos. Cierra los ojos e intérnate en tus sensaciones. Sólo dejándote sentir cómo
te vacías podrás llenar de sentido el vacío que anonada tu vida.
V
No cagues bajo el imperio de otra necesidad, ni al
revés. Por ejemplo, no vayas al retrete si te estás cayendo de sueño, ni te metas en la
cama si no aguantas más las ganas de cagar; en el primer caso, te dormirías cagando, y
en el segundo, te cagarías durmiendo.
VI
Si quieres expresar con exactitud y orgullo de buen
cagador esta circunstancia: "he dejado en el excusado un efluvio mefítico
estomagante", tus palabras han de ser: "he dejado en el retrete un olor a mierda
que te cagas".
VII
Haz fuerza (de modo sostenido, sin brusquedad, con el
fin de evitar la aparición de hemorroides), empuja amorosamente tus excrementos a través
del recto y llévalos firmemente hasta el final. Así lograrás que confíen en ti,
condición indispensable para que tú logres confiar en ti mismo.
VIII
No pienses en nadie al cagar (salvo que te acometan las
ganas de cagarte en alguien), ni en la impresión que causaría en los demás verte cagar.
Caga como si tu cagada no tuviera interés más que para ti. No de otro modo conseguirás
ser dueño de ti mismo.
IX
Lo que hace la grandeza de una persona no es lo que
caga, sino el esfuerzo que realiza para cagar, a través del cual acrecienta las propias
fuerzas, profundiza en el conocimiento interior, desarrolla sus potencialidades y se
mejora a sí misma.
X
No seas iluso: no existe el perfecto cagador. Si
pretendes serlo, la habrás cagado. |