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Cuaderno LiterarioTexto 05

 
 Happening: artistas y políticos
NOZAL

Tríptico del Viejo. Nozal 1987

En los años sesenta surgió algo que nadie sabía cómo llamarlo hasta que su autor, Allan Kaprow, artista nacido en Atlantic City, oh, USA, dió en bautizarlo como "happening". La cosa fué sucediéndose a sí misma, creciendo a latigazos de sensibilidad y echándole al asunto toneladas de imaginación, algunas veces cachonda, las más... pura mala leche desnatada.

Los estructuralistas teóricos, los que quieren catalogarlo todo en propio beneficio, comenzaron a distinguir conceptos y a estudiar diferencias entre un happening y otro happening, quitándole a uno el nombre y rebautizando al otro para asi tener un archivo con cada cosa en su sitio, haciendo valer las diferencias creativas de cada intervención. Hoy el happening, rehabilitado a la categoría de performance, no sólo es una acción creativa, más o menos ingeniosa, sino que muchas veces transciende la simple ocurrencia pasando a convertirse en auténtico tratado de filosofía, matemáticas, teología social o físca cuántica.

Recientemente Kaprow, padre del happening, ha asumido su papel de predicador y rechaza el calificativo de artista; en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) ha montado su última intervención, performance, happening, a modo de despedida del concepto tradicional de "artista", lo llama "Clean", o sea "Limpio". ¿En qué consiste el evento? Véase: dos individuos limpian una de las baldosas del patio, esto es, barren la porquería arrastrándola a las baldosas contiguas y, una vez han terminado la labor, estampan su firma; luego otras dos personas repiten la acción a la inversa y así sucesivamente. ¿Cuál es el mensaje? Fácil, el propio Kaprow lo explica: "Limpiar es desplazar la suciedad de una parte a otra, la suciedad nunca desaparece, sólo cambia de sitio". Ya está, ésa sería la obra de arte si su ejecutor no hubiese renunciado al marchamo de artista. ¿Artista? En absoluto, él asegura que no, que tan solo es un hombre que tiene algo que decir, algo que aportar a la sociedad en la que vive.

Hemos llegado al punto de inflexión: artista-político. Precísamente algunos de nuestros políticos decían aquéllo de que tenían algo que aportar a la sociedad en que vivían. Ahora han renunciado abiertamente a tales postulados y prefieren sentirse artistas. El político, pues, ha descubierto el happening.

Nuestros políticos -algunos, repito- ya no persiguen el bien común ni dedican su esfuerzo a mejorar el nivel de vida del colectivo ciudadano que les instaló con sus votos en la poltrona, ahora esos políticos, que se miran al espejo por la mañana para ensayar la sonrisa correspondiente a cada día de la semana, esos políticos que se pintan los labios, estudian el gesto y le atizan al maquillaje y a la sombra de ojos, ésos, digo, que también son ésas, ahora prefieren llamarse artistas. Artistas creadores de un happening macabro que juega con la esperanza del resto de los mortales. Emulan a Kaprow y enuncian sin pudor, aunque con una prudente dosis subliminal, que la esperanza de la gente nunca desaparece, sólo cambia de sitio. Razón por la cual éllos la pisotean con saña y morbosa insistencia.

Estos políticos-artistas, artistas en la dilación, en la falsa garantía, en el engaño, o sea, estas auténticas ladillas de la sociedad están cometiendo impunemente un crimen horrendo: están matándole a la gente la esperanza.

Desde esta tribuna, con toda la humildad que me he trabajado a puro güevo y con la mínima esperanza que aún me queda, hago votos para que los artistas que aún ejercemos -me incluyo, naturalmente: la humildad aludida no me permite escamotear la certeza de mi propia vinculación-, hago votos, digo, para que rechacemos la impostura, la necedad, la falta de autocrítica, la memez y la mercenaria claudicación al mercado del arte.

Y a la vez, en la misma laica plegaria, formulo el deseo de que los políticos honestos que aún valoran la esperanza de sus gentes, desenmascaren a sus colegas hampones y les pongan a fregar la mierda que han trasegado con tantísimo descaro.

Eso sí sería un buen happening.n

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> Ilustración que encabeza el texto: "Tríptico del Viejo" (Nozal, 1987).
> Este artículo se publicó en el periódico El Norte de Castilla (3 mayo 1990)
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