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Cuaderno LiterarioTexto 18

 
 
Juan José Lucas, las vacaciones y el gorrión
NOZAL

"Político y desarme". Nozal, 1987

Aquélla tarde de verano, Juan José Lucas estaba tendido sobre una hamaca de esparto, colgada entre dos pinos, absorto en el levísimo tembleque de un puñado de hojas puntiagudas que recortaban, a contraluz, su tenue silueta verdinegra. Se sentía con la mangla encima. Y con todo el derecho del mundo a rascarse la barriga durante algunos días de recreo: también los políticos se merecen una vacación.

Bajo la sombra de los pinos, en plena digestión de un bote de fabada, debatía consigo mismo en un duermevela pobladito de dulces pesadillas. Soñaba que iba galopando al frente de sus huestes, blandiendo en la diestra la tizona del Campeador y alentando a sus consejeros al grito de "¡Aznar y cierra España!" Había alzado la espada y a punto estaba de descabezar al mismísismo Pujol cuando un gorrión desorientado le cagó en la frente. Ya ni los pájaros respetan la siesta del flamante presidente de Castilla y León.

Cambió de postura tras pringarse las manos con aquélla cagarruta y, a los pocos minutos, se encontraba nuevamente inmerso en las batallas del sueño, esta vez en Fuensaldaña, donde había mandado levantar un patíbulo conmemorativo, en oro, tabón y piedras preciosas, y allí andaba ajusticiando a un montón de socialistas, por rojos, voraces, ateos y enemigos de la Moncloa. Por capullos.

La gente del populacho, zarrapastrosa y arapienta, azadón en mano y agitando al viento clónicos sombreros de paja, todo gris y barro, vitoreaba a su presidente a medida que iban cayendo los principales líderes de la oposición. Cuando hubo terminado con la disidencia, armó a sus fieles vasallos y los instaló en las tripas de un caballo de madera al que puso por nombre "Troya"; y tras veinte leguas de viaje subacuático, sorteando toda clase de peligros y acechanzas, salvando las tenebrosas simas del Canal de Castilla, celosamente guardadas por José María de la Guía, un feroz monstruo de afiladísimos colmillos, descendiente de Cronos, que devora a cuantos osan mancillar la esencia de las aguas -"todo vale en los sueños", decía un cartel anclado en la esclusa veintiocho, en Grijota-, sorteándolo todo, digo, llegó hasta Lisboa, vió y venció, conmemorando así los 103 años del Tratado con la anexión de Portugal. Las cosas se hacen bien o no se hacen, sí señor. Ahora su testa presidencial gobernaba sobre una extensa región denominada Castellanoleonaportuguesa.

Siguió batallando con denuedo a la conquista de Europa, una vez sometida la península ibérica y, en una abrir y cerrar de ojos, era ya el sheriff de todo Occidente. Pactó luego con los innumerables jomeinis para nombrar a Alá por su nombre de pila; se jugó a continuación el arroz chino a los idem, ganando al primer envite; cambió Honkong por siete acciones de Crystaloid, se quedó con Japón tras un farol afortunado en una comprometida partida de póker y acabó ganando las presidenciales de E.E.U.U. gracias al apoyo de los hinchas hispanos, que amenazaron con dejar de barrer aquél pais si él, el ínclito Mister Juan PP Lucas, no salía elegido.

Y cuando a punto estaba de enviar sus naves a Júpiter para anexionar a su imperio el espacio exterior, volvió el maldito gorrión diarréico a cagarle en el cogote.

Una ligera brisa hacía silvar las agujas del pino y la tarde declinaba. La placidez era casi absoluta y podía rozarse la felicidad con la punta de los dedos; el clima, espléndido; y el ocio que se prometía a sí mismo surgía deliciosamente alentador. Estaba de vacaciones. Todo perfecto. Todo, a excepción de ese pajarillo idiota que ignoraba el rango del ilustre sesteante. Todo, salvo ese mierdecilla cenicienta, casi nada: el símbolo de la cruda realidad, un patético mensaje de la actualidad regional, la calificación nada subliminal sobre los resultados de una gestión política evidentemente ineficaz.

Bah, pelillos a la mar. El baranda de la Junta había cerrado con siete llaves la puerta del Palacio; mochila al hombro, incluyendo en el macuto un bermudas estampado con gaviotas, se había largado a los pinares pucelanos a dorar el músculo albino y flácido del que hacen gala cuantos, como él, dedican un extenso horario al fluorescente de los despachos.

Juan PP Lucas, que había zanjado la evaluación del curso político autoconcediéndose un sobresaliente en la tribuna de los medios de comunicación, invitó a comer en el "santuario" del Montico a todos sus feligreses e inauguró oficialmente el pantano de las vacaciones. Satis al tropel de Consejeros. Hala, todos al agua.

Ojalá sea para bien. Ojalá, aprovechando el verano, el grueso de los ilustres se den una vuelta por Pujolandia y tomen apuntes para la recuperación del próximo curso. Tal vez, a la vuelta del recreo, hayan aprendido algo de sus colegas catalanes y nos sorprendan a todos manejando las pesetas del presupuesto con la soltura que requiere nuestro agónico desarrollo.

Por ahora, con todos los despachos cerrados, a esperar. Demos tiempo al baranda; esperemos que termine de despertar y tome entonces severísimas medidas acerca del alpiste con que se alimenta ese gorrión de tripa floja, porque apenas le queda a esta tierra ninguna otra cosa que no sea el fruto de sus campos, y no estaría bien que este granero acabara matándonos a todos la flora intestinal. Porque la flora bien, gracias, pero lo demás, desde la industria hasta la esperanza, jodido, oiga.

Mientras el presidente ciscaba sus manos con la última cagada del gorrión, un certero perdigonazo cortó en seco el gaznate del osado pajarillo. El señor Jambrina, consejero de Medio Ambiente y, por tanto, empedernido cazador, había hecho blanco en la diana. Ordenó a sus lacayos que disecaran a tan delicado animalito para exhibirlo como trofeo y convocó rueda de prensa para informar a los ciudadanos del éxito de su gestión.n

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> Ilustración que encabeza el texto: "Político y desarme", 70 x 50 cm, Nozal, 1987
> Este artículo nunca fue publicado. Lo entregué al periódico "El Norte de Castilla" (6 junio 1997) como un artículo más de cuantos hasta esa fecha venía publicando dentro de la colaboración que mantenía con dicho periódico, sin embargo fue censurado. Tal censura me obligó a romper dicha colaboración. Desde entonces sólo he publicado ocasionalmente, atendiendo las personales peticiones del director local de "El Norte de Castilla", Javier García Escudero. Al parecer habían recibido presiones de Presidencia... y dado que todo periódico independiente depende de quien paga y quien paga manda... me habían mandado a tomar por culo con mi independencia. Y allá estoy desde entonces: a tomar por culo con mi independencia.
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