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-Verás hijo mío: allá a lo lejos se abre
Galicia, rebosante de verdes y azules, cuajadita de aromas de monte y mar, paraíso de
sabores, nécoras, langostinos y vieiras (la venera del caminante)... destino final de
toda la cristiandad. Aleluya. Santiago de Compostela es la meta del peregrino, el lugar
que abre la puerta de los cielos... y será este año, hijo mío, la meta de nuestro
camino, porque somos parte del pueblo de dios, afortunados elegidos de entre todos los
otros hombres del mundo, esos pobrecitos sin suerte que jamás conocerán la única
verdad. Aleluya.
-Coño, papá, si se trata de un acertijo me rindo,
no conozco la respuesta. Cuando te pones así me asustas, leches. ¿Tomaste tu medicina?
Dime, a ver, ¿cuántos dedos tengo aquí?
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Floroste García es, además de meteorólogo, un
peregrino secular que ha recorrido el Camino de Santiago 66 veces, la primera de ellas
colgado de la teta de su madre, una cristiana ejemplar que murió en olor de santidad
allá en la década de los setenta y cuyo cadáver permanece incorrupto desde entonces.
Bingo García, apodado así porque implantó la
normativa de este juego para corregir los exámenes de sus alumnos, es el hijo rebelde, el
eslabón torcido, la mutación genética de una familia que hasta el momento exhibía un pedigree
católico a prueba de encíclica. Bingo, que roza los cuarenta tacos, guasea con al
cadáver de su abuela en cuatro idiomas y es un flamante ingeniero contratado por la NASA
para el programa aeroespacial. Padre e hijo, por tanto, sólo coinciden en el cielo a
ambos lados de la teología, en todo lo demás divergen.
De los siete caminos posibles, Floreste ha repetido
66 veces el mismo, el camino francés que entra en España por Roncesvalles para
serpentear hasta Compostela, ese lugar bendito donde dicen que un pastor llamado Pelayo
desubrió la tumba del apóstol, 800 años después de que a éste lo decapitaran en
Palestina. Floroste se santigua en cada curva del camino para redondear la bula
"Regis Aeterni" del Papa Alejandro III, gracias a la cual él ha ganado 66 veces
el cielo por acudir a la catedral de Santiago y abarazar 66 veces la imagen de Yago
Zebedeo convertida en matamoros por el Maestro Mateo. Bingo García aporta maliciosamente
algunos datos relativos al difunto Saint Jacques, haciendo evidente la imposible
determinación de las reliquias y dejando en bragas la gigantesca operación comercial
montada por el clero hace mil años. Bingo, aun mediándo la edad de su padre viajero, ha
dado la vuelta al mundo en más de una ocasión y asegura que el único camino que no
hará jamás es precísamente el de Santiago. Dice que eso no es un camino, sino más bien
un lamentable sendero donde prevalece la superchería, un monumento a la estulticia
declarado por la Unesco patrimonio de la humanidad.
Florestes reza cada noche una plegaria al santo
patrón de España para que interceda por su hijo y le conceda un poquito de fe, aunque
especifica en su oración que la fe solicitada es la auténtica, la única fe genuina,
aconsejando al santo intercesor que ponga interés sobre este extremo, pues un buen amigo,
en parecida situación, rezó, rogó y obtuvo... una fe equivocada, la denominada Fe
Ortodoxa de Bahá'í, que sigue el Testamento de Abdú l-Bahá para la implantación de un
nuevo Orden Mundial en el que no aparece ni por asomo el camino de Santiago. Y, claro, eso
no puede ser.
Bingo García le ríe la gracia y trata de
aplacarle:
-Tranquilo, padre, habrá Ruta Jacobea otros mil
años: el Vaticano y Cocacola han firmado una nueva alianza, tan Santa como la anterior,
por supuesto, pero puesta al día. Ahora, con el jubileo, además de la parcelita en el
cielo os van a dar una de a litro.