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Cuaderno LiterarioTexto 10

 
Net-Art y el envés de la camiseta
NOZAL

Abbé Nozal, net10.htm

El pintor tiene una nueva técnica entre las manos, una nueva herramienta que hace posible modificar el punto de partida, la intención (dicho de otro modo, facilita la concreción de ideas que implicaran en su origen la participación del público, la interacción), e igualmente permite un final abierto, tanto en su ejecución como en la distribución. El net-art, arte virtual generado por ordenador, es consecuencia directa de las nuevas tecnologías de la información, en especial de las redes -Internet-, en las que encuentra no sólo el soporte informático que le es propio, si no la concurrencia millonaria de personas que acabarán dándole carta de naturaleza... ¡que ya es dar!
Hace ahora doce años, quien esto escribe tuvo la oportunidad de exponer sus "cap's" en el Centro de Arte Reina Sofía (Procesos, 1986): entonces ni siquiera existían palabras con que definir el incipiente desarrollo de la virtualidad. Era necesario inventarse una cada día, lo que aumentaba, si cabe, el placer del acto creativo. C.A.P.: Computer Aided Painting, Pintura Asistida por Ordenador. (He ahí otro handicap: desde entonces arrastramos los vocablos ingleses, incapaces ya para siempre de sacudirnos la colonización del idioma imperial). Aún recuerdo las reuniones "enormes" en las que bautizábamos tal o cual efecto, esta o aquella textura, etc. "¡Enorme!" era una una expresión de Sonnia Sherydan, la artista estadounidense que compartió conmigo oficio y espacio en el Sofidú y que pillaba con gran facilidad cualquier muletilla del lenguaje vasallo que anduviera suelta, caso de "¡enorme!", que resultó ser un calificativo apto para todo, pues tan pronto remendaba un siete como hacía girones la conjugación del reciente verbo enormar. ¡Joder, con qué enorme virtualidad pasa el tiempo: doce años! Por aquel entonces...
Por aquel entonces aún vivía Jean Michel Basquiat, ajeno a su muerte tempranera y analógica, entreteniéndose con colores en spray sobre las paredes de Manhattan, ejecutando graffittis que luego se pagarían a cojón de mico en las subastas de Sotheby's o de Christie's, indistintamente. Por aquel entonces los últimos coletazos del minimal-art se rendían igualmente a las leyes del Mercado, como antes hicieran, por turno, cada uno de los ismos producidos por el suave ardor de la rebeldía creativa en las artes, desde el impresionismo hasta el it contemporáneo, pasando por el arte moderno que, como acertó a decir Roy Ascott
(1), a pesar de su ardiente anhelo por reflejar e incluso comprometerse con las fuerzas vitales, "fue depositado en un espacio autónomo, el vacío de un cubo blanco, la galería de arte, desconectada de la complejidad de la vida". En palabras rollizas y toscas de castellano viejo: que ni un puto ismo ha sido capaz de soslayar al Mercado; un mercado que chupa la sangre a cuanto le rodea, que esponjea cualquier cosa para sacarle siempre el mismo jugo: la pasta. Con el arte, la conciencia y la ideología, el mercado efectúa un centrifugado que acaba invariablemente en el escaparate de la oferta y la demanda. (Que le preguntaran ahora al Ché, valga como ejemplo, para qué sirvió luchar y morir por su ideal político, de no ser para que le Mercado pusiera en venta millones de camisetas serigrafiadas con su melancólico mirar).
Sin embargo, mientras dura la marea, cada época se apunta una conciencia diferenciadora, de cada época emergen nuevas formas de conocimiento, nuevas cualidades mentales, nuevas formas de percepción. Ahora estamos en la ciberpercepción, el net-art brilla como la punta de un iceberg prometedor y la conciencia colectiva paga royalties a Microssoft. De momento el net-art corre ligero sin darle opción al Mercado, huyendo de la especulación, haciendole un corte de mangas, en formato GIF animado, a la reglamentación de Sotheby's.
Es cierto, sin embargo, que dentro del primer asombro del net-art nos hemos comido mucha mierda. El uso de la tecnología digital y de las redes en la práctica del arte, ha reducido en muchos casos el arte a mero artificio. Citando nuevamente a Roy Ascott
(1): "La fascinación por el efecto fácil ha venido a reemplazar los valores de la creación". Como hay dios que sí, palabra de ateo. Pero esto ocurre cada vez que una nueva técnica se deja querer por el arte. Así ocurrió hace cien años con la llamada escuela de Artes y Oficios, la maestría técnica cobró primacía sobre la autoría de las ideas, a pesar de lo cual brillaron con fuerza algunas individualidades que supieron pasarse la maestría técnica por debajo de la axila (podremos entenderlo muy bien en el contexto de la exposición conmemorativa que nos han preparado en Madrid en el antiguo Museo de Arte Contemporáneo sobre la generación del 98); en fin, que entre la mediocridad, tarde o temprano despunta el genio y, cuando ocurre tal fenómeno, es legítimo disfrutarlo en lo que dure, que no ha de ser mucho, como ya se dijo, pues el Mercado acecha con la especulación bien afilada y ya se sabe que el Mercado no falla nunca y es paciente y tenaz y coñón: no ceja hasta dar con el genio en el envés de la camiseta.
Hay indicios de que la cosa está que arde, pues los lacayos del Gran Mercado están desarrollando una actividad desmesurada, andan buscándole un hueco al net-art dentro de la galería de arte y los museos convencionales ni saben en qué dar para incluir el arte interactivo dentro de su repertorio: Se han inaugurado nuevos espacios diseñados específicamente para acoger las experiencias de arte globalizador, interactivo, virtual o ciberperceptual, así en Tokio el NTT Intercomunication Center y en Linz el Ars Electrónica Center.
Para quienes estamos en el ajo, el momento es fantástico: se palpa la lucha. Por una parte el afán del Mercado, que no acierta a invertir, no sabe cúanto ni cómo ni dónde. Por otra parte el esfuerzo incontrolado y desmesurado y gratuíto de cuantos despilfarramos nuestra energía creadora en la red, dentro de la Web, sabedores de que estamos participando en la nueva conciencia global y probablemente dando lugar a una igualmente nueva percepción telemática que tardará la hostia en encontrar su sitio en el envés de la camiseta.
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(1).- El citado Roy Ascott es Director del Centro para la Investigación Avanzada en Artes Interactivas de la Universidad de Wales (Newport) y Profesor de Ciencia y Tecnología en la Investigación Artística (STAR) en la Universidad de Plymouth.

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> Ilustración que encabeza el texto: "Net-10", Abbé Nozal, 1996. Creado para Infograph'97.

> Este artículo fue publicado en el periódico "El Norte de Castilla" (9 octubre 1997)

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